Dormiste? Por toda respuesta, un bostezo. Seguís con sueño. Entonces te desperezas levantando los brazos y mirando hacia abajo, te acomodás el sostén.
Pereza, sueño, somnolencia, pocas ganas o ganas de nada... ahora lo entiendo. Dormiste menos por depilar esas largas, interminables piernas. Suaves piernas, una delicia al tacto. Piernas de pies de pisar fuerte. Piernas vagabundas que transitan el mundo devorando caminos, acortando distancias.
Piernas largas, apoyadas una sobre otra, cruzadas, alzadas, pendulando... en cualquiera de sus presentaciones detienen ómnibus, distraen conductores, provocan que el tiempo se pare para algunos mientras vehículos aceleran en proporción inversa. Piernas provocadoras de incendios forestales (arde la selva), de accidentes viales. Piernas largas, rematadas en glúteos distantes, lejanos, inalcanzables, accesibles sólo desde la fantasía.
Piernas que desde las rodillas se vuelven muslos (prometedores, guardianes de tesoros y secretos) y hacia el final son solaz, tierra sagrada, altar sacrificial, resguardo del guerrero indomito, del buscador incanzable, misterio para el explorador que no claudica y avanza jugandose por el solo placer de develar y descubrir.
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